SALUD ANIMAL

Hasta fechas recientes, la principal preocupación de las explotaciones era obtener la mayor productividad posible.

Los condicionamientos económicos siempre han sido claros, primaban por encima de cualquier otra idea, inicialmente, como cualquier otro negocio era una cuestión de mayor o menor beneficio.

Posteriormente un incremento obligado de la competitividad, la captación y defensa de mercados por la reducción del número de clientes siendo sin embargo cada uno de ellos mucho más relevante (grandes cadenas de alimentación), condiciones de trabajo cada vez más estrechas, globalización del sector, acecho de países en desarrollo con precios mano de obra más barata, transformación de los costes y medios de transporte que permite la comercialización de carnes y cualesquiera otros productos desde-hasta cualquier parte del mundo.

En definitiva se genera una situación de “estrategia de pervivencia en el mercado”.

Frente a lo anterior, las explotaciones ganaderas se han defendido con los instrumentos que les permitía el propio mercado y bajo ese prisma se ha actuado de la mejor manera intentando incrementar la productividad, lo cual no quiere decir que incrementasen su beneficio, era una simple cuestión o de crecer de forma obligada para ser más competitivo, o en cualquiera de los casos de aguantar cuotas de mercado.

Uno de los principales instrumentos utilizados para estabilizar los índices de conversión, era no sólo la aplicación paliativa de medicamentos cuando un animal enfermaba, principalmente antibióticos, si no utilizar con habitualidad la aplicación preventiva de esos medicamentos en el ganado, con el objetivo de proteger de modo previo al animal, para que no enfermase y que así mantuviera una capacidad de productividad considerable.

Sin embargo las consecuencias de este uso, se han trasladado de forma perniciosa a la salud humana; la aparición en las actuales generaciones de gente de nuevas enfermedades, proliferación de diferentes variantes de cáncer, alergias, diabetes 1, etc., todo ello constatado por la población médica, por las diversas situaciones de inmunodeficiencia adquirida y alteraciones genéticas generadas en las personas de forma involuntaria, a través de la ingesta de productos cárnicos y agrícolas manipulados en post de la productividad.

Tanto en la Unión Europea como en otros ámbitos territoriales, son conscientes y van regulando la reducción drástica de la aplicación de medicamentos en la alimentación animal, porque saben dónde está el problema,…. Y de ahí el origen del comienzo del cambio, es ahora cuando se está produciendo el giro radical de la orientación del mercado…

El consumidor final quiere consumir producto sano, la cadena alimenticia quiere proveer de carne sana a su consumidor, …y el ganadero se está concienciando de que debe producir sano, pero cómo actuar si no se puede utilizar medicamentos o instrumentos similares ¿??

Eso se debe conseguir regenerando la capacidad digestiva, para que los animales puedan recuperar su capacidad de optimizar el aprovechamiento de los nutrientes, posibilitando de forma natural su capacidad productiva, y defendiéndose a su vez mejor de las enfermedades mediante una mayor estimulación de sus propias defensas inmunitarias.

En resumen, para que las personas coman sano, los animales tienen que estar sanos, y desde luego esta cualidad no es incompatible con una buena productividad.